Árboles

Gigantescos árboles de entre 30 y 40 metros, cuyas copas se elevan buscando la luz del sol conforman el estrato de las emergentes, destacándose el cedro misionero (Cedrela fissilis), la grapia (Apuleia leiocarpa) y el ibirá pitá o cañafístula (Peltophorum dubium).

   El estrato del dosel conforma el techo de la selva, constituido  por el conjunto continuo de las copas de árboles que miden entre 10 y 30 metros. Acá encontramos  Petiribí o Loro negro (Cordia trichotoma), Seibo de monte (Erythrina falcata), Ingá (Inga urugüensis), Alecrín (Holocalyx balansae), Anchico colorado (Parapiptadenia rigida), Guatambú (Balfourodendron riedelianum), Lapacho (Tabebuia ipe), Caroba (Jacaranda micrantha), Cancharana (Cabralea oblongifolia), Guayuvira (Patagonula americana), Laurel o Canela negra (Nectandra saligna), María preta (Diatenopteryx sorbifolia), Guaviroba (Campomanesia xanthocarpa), Yacaratiá (Jacaratia dodecaphylla), Ambay (Cecropia adenopus), palmeras Pindó (Arecastrum romanzofianum), y el Ibapoy o Higuerón bravo (Ficus enormis), el que surgiendo como una tenue plantita sobre la rama de otro árbol a partir de una semilla inmersa en la deposición de algún pájaro frugívoro, comienza a desarrollar raíces que se van extendiendo hacia la tierra, creciendo desmesuradamente y abrazando al tronco del árbol que le dio sostén, para terminar asfixiándolo y provocando finalmente su muerte. 

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